La situación en la final de la Copa América

El 20 de junio, con el partido entre Canadá y Argentina se dio inició a la programación y consecución de partidos que sería la Copa América en su edición del año 2024. Esto para los más cercanos del torneo fue una sorpresa. Tradicionalmente, o al menos en las más recientes ediciones de esta competición, el país que es considerado el anfitrión tiene la oportunidad de abrir la serie de juegos. Así fue, al menos, en las tres ediciones anteriores. Esto no pasó desapercibido por los más cercanos al certamen y, por supuesto, aunque no había ninguna información concluyente, los comentarios empezaron a mezclarse con la imaginación e hipótesis de la más variada condición. En una revisión rápida de la información presente en la página de Wikipedia[1], es posible observar, si uno sigue el proceso de revisar las ediciones anteriores, por lo menos hasta la Copa celebrada en 2007 en Venezuela, que todos los equipos de los países que fueron anfitriones fueron los primeros en jugar en cada una. ¿Es posible llamar a esto una tradición? El hecho de que por más de quince años se haya presentado la misma situación, ¿puede ello convertirla en tradicional? ¿Se puede tratar, más bien, de algo no intencionado que pueda ser más parecido a una casualidad?

Esta no fue la única situación que se consideró particular del evento, otros factores como el clima fueron también observados por la audiencia y fue tema de conversación en los noticiarios. Las temperaturas registradas en varios de los estadios donde se jugaron los partidos fueron demasiado altas. En el partido que se jugó entre Perú y Canadá, el árbitro Humberto Panjoj, según información que luego no sería confirmada, pero que sí fue distribuida por varios medios que hicieron referencia a esta situación, sufrió un choque de calor que lo llevó a desmayarse unos momentos antes del final del primer tiempo.[2]

La final entre Argentina y Colombia, evidentemente, no podía ser la excepción. Aprovecho para anticipar al lector de que, muy seguramente, la reflexión que vendrá estará atravesada por el hecho de saberme colombiano. El comienzo del partido se vio retrasado a causa de las inconvenientes que ocurrieron en las entradas el estadio, en la ciudad de Miami. Los primeros reportes hablaban de grupos de personas que se acercaban a las taquillas con el propósito de poder entrar, bien sea con boletas falsas, que ya de entrada se puede ver con ojos de escándalo, o, incluso, sin boletas en absoluto, lo cual ya involucra actividades delictivas que atentan contra el bienestar general del grueso de la población. Quisiera llamar la atención de los lectores a la expresión “ver con ojos de escándalo” y preguntar subsecuentemente, ¿entendemos que hay cosas que dependiendo cómo se quieran ver, por parte del sujeto observador, así se verán? Es más, esto nos remite a un problema cognitivo y epistemológico: todos entendemos grande, por supuesto, pero ¿entiende grande, con respecto al cuerpo, de la misma manera alguien que tiene una altura de 1.50 metros y alguien que tiene una altura de 1.80 metros? Algo tan objetivo como el tamaño puede verse afectado, considero, por la perspectiva que se adopta, por las condiciones, abiertas a cambio frente al deseo del sujeto, o no, que marcan su conexión con aquello de lo que se tiene dicha perspectiva. Esto será rescatado más adelante en el texto.

A medida que el tiempo pasaba y gracias a las redes sociales más y más imágenes y videos empezaban a circular que empezaban a dar una visión mucho más clara de qué estaba pasando. Paradójicamente, los medios que se encontraban en el lugar, que se encontraban allí para cubrir el evento en general, no generaban imágenes que permitieran crearse una idea de lo que realmente estaba pasando. Solamente a través del contenido tomado con los celulares y su difusión a través de redes sociales como Instagram, X, TikTok, o Facebook, era posible construir una perspectiva de lo que se desarrollaba a los rededores del estadio.

En los videos y las imágenes, era posible ver cómo las personas intentaban entrar por diferentes medios: personas tratando de saltar las entradas, personas que adoptaban una actitud agresiva hacia las autoridades en su afán de poder ingresar e, incluso, personas que trataban de encontrar caminos a través de los muros y ductos de ventilación del estadio. La situación escaló hasta tal punto que fue necesaria la presencia de una cantidad considerable de policías de la ciudad para poder contener a las personas que se encontraban allí. Incluso, algunas de las personas lograron acceder al estadio lo cual llevó a que la policía junto con personas de la logística del evento tratara de encontrarlas haciendo barridas solicitando a todos los asistentes que ya se encontraban dentro de la estructura que presentaran su boleta. Aquellos que no pudieran justificar su presencia en el evento gracias a la tenencia de su boleta, fueron llevados a lugares específicos para luego ser retirados del lugar.

Incluso, luego de algunas horas, los relatos empezaron a hacerse virales. Las emisoras de radio, los canales de televisión y los portales de noticias seguían haciendo referencia a lo ocurrido durante esta noche (en Colombia), tarde (en Estados Unidos). Sin intención de promover a la empresa o la persona que interactúan en el recurso recomendado, sugiero visitar o revisar la entrevista que se emitió a través de Caracol Radio, en el programa de 6 am hoy por hoy, al comediante y empresario Piter Albeiro[3]. Las frecuentes referencias a momentos de angustia, desesperación y absoluta indefensión demuestran lo caótico de lo acontecido en el evento. No solamente hubo maltrato por parte de las autoridades, también entre hinchas y asistentes se presentaron casos de absoluta intolerancia y egoísmo. Hubo, incluso, comentarios por parte de comentaristas, durante el horario del evento y luego de él, que hablaban acerca de la irresponsabilidad de los acudientes que decidieron tomar el evento como un evento en familia y se atrevieron a llevar a niños o personas de avanzada edad a evento de tal naturaleza. ¿Qué naturaleza es esta? Si entiendo bien, quien defiende esto, ¿afirma también que los eventos futbolísticos son exclusivos por su implícita presencia de violencia? ¿Podría desarrollarse que dicha idea defiende que los estadios son lugares circunscritos a las familias por su inédita correlación con la violencia?

Frente a lo anterior, creo que debemos cuestionarnos acerca de cómo frecuentemente nos vemos involucrados en situaciones de violencia o delito de manera internacional. Si como colombianos, envueltos en la realidad que nos encontramos, no nos detenemos frente a estos acontecimientos para reflexionar acerca de por qué nos vemos tan repetidamente representados por estas situaciones, muy seguramente ello seguirá presentándose sin ningún cambio, por el contrario, se agravarán los hechos en los cuales haya personas colombianas involucradas.

Creo que es importante empezar por desmontar la idea de que es posible encapsular la pluralidad de individuales que coexisten dentro del mismo territorio colombiano bajo su nacionalidad. Hablar acerca de la colombianidad es una actividad que refiere a un tema verdaderamente abstracto que, por lo general, solamente tangencialmente puede remitir a puntos de encuentro reales entre las personas que caen dentro de esta categoría. Por supuesto, existe la condición básica evidente a la pregunta ¿qué es ser colombiano? Dicha condición, si adoptáramos una consciencia infantil y prematura, sería haber nacido en Colombia. Así mismo funciona, en la mayoría de los casos la nacionalidad.

Pensemos por un momento en el siguiente caso: una persona, nacida de migrantes en un territorio extranjero, muy seguramente será reconocida en un sentido legislativo como nacional del país en el que nació. El hijo o la hija de padre y madre colombianos que nace en los Estados Unidos, o en España, o en Francia, será, ante la ley, y de manera, como lo decíamos antes, inmediata, infantil y prematura, norteamericano, español o francés. Ahora bien, es innegable la posible influencia que su contexto familiar puede causar en dicha persona. Las tradiciones, las creencias, las tendencias, las maneras de ver el mundo, aunque forjadas a lo largo de la vida, puede que tengan referencias constantes a aquello que, desde un momento de falta absoluta de consciencia del aprendizaje y lo recibido, se ha tallado en su mente y su espíritu.

Una concepción infantil de la nacionalidad, que sólo se centra en el lugar de nacimiento debería ser contrastada frente a una mucho más compleja que abarque no solamente el lugar de nacimiento sino, en general, las enseñanzas, los aprendizajes, los contextos y situaciones que marcan la construcción de la individualidad de una persona. En este segundo sentido entiendo la nacionalidad y reconozco que la cantidad de factores que pueden impactar la construcción de la individualidad de alguien son demasiado diversos. No obstante, considero que el hecho de que nos veamos envueltos de manera tan recurrente en situaciones como la acontecida en la final de la Copa América no es aleatorio.

Durante los eventos que acontecieron en la final, los comentarios que abundaron se centraban en resaltar cuán deplorable era el comportamiento de las personas que se veían involucradas en las situaciones mostradas en imágenes y videos. No obstante, había personas que, de pronto, con el fin de alivianar la carga que caía sobre los colombianos, dado que la mayoría de las personas que se veían en dichos videos iban vestidas con camisetas de Colombia, también mencionaban la corresponsabilidad de otros factores externos a las personas que se veían cometiendo los actos. Varios de los comentarios de esta naturaleza subrayaban la complicidad en la situación por parte de la logística, los organizadores, las autoridades, e incluso, la policía y los seguidores argentinos. Comentarios como se les salió de las manos el evento a los organizadores y la logística o no pudieron con los colombianos fueron abundantes en redes sociales. Pues bien, creo que este comportamiento debe ser rechazado.

Es punible pensar que de alguna manera lo que aconteció durante el evento es, de cualquier forma, responsabilidad de los organizadores, la logística o el encuentro con otros seguidores de otra nacionalidad. Lamentablemente, este comportamiento muestra la generalizada mentalidad infantilizada que abunda en nuestra sociedad colombiana. Nadie puede ser culpable de lo acontecido en la final sino las mismas personas que decidieron llegar a un evento privado, al cual se podía acceder solamente a través de la previa compra de boletas, y decidieron que su agresividad y su violencia eran un medio para garantizar su presencia en el evento.

¿Nos es muy difícil ver cómo estos razonamientos son completamente subdesarrollados y pueriles? El considerar que mi presencia en el estadio y mi voluntad por ser parte de algo son más justificables que las normas sociales establecidas alrededor de aquello que me es permitido hacer o no demuestra la completa desconexión que existe entre el reconocimiento de unas responsabilidades civiles, una ganancia que es propia de la madurez cognitiva, y una realidad que se toma como impuesta y despótica, concepción que es cercana a la incomprensión de la realidad externa por una mente todavía en desarrollo.

Probablemente, el hecho de que, en la realidad colombiana, uno de los aprendizajes de la dinámica del juego es encontrar la forma de quebrar las reglas nos ha dejado completamente imbuidos en una mentalidad infantil en la que esto es aplicable en cualquier condición de la vida. Los comportamientos más reprochables, como el egoísmo, la corrupción o la mentalidad de el vivo vive del bobo pueden ser justificados en esta visión fundamentada en el reconocimiento de las normas como imposiciones externas consolidadas para el detrimento del individuo y que limitan el posible disfrute de una realidad sin barreras.

Está más que visto, no sólo por lo que aconteció en la final sino, en general, por la vivencia misma de ser colombiano y la cotidianidad de habitar esta porción de la realidad, que la ausencia de reglas, sobre todo las morales, pero todas ellas en general, y la veeduría de su cumplimiento, tanto interna, como externamente, nos deja inmersos en situaciones llenas de competición, conflicto, rencilla y aprovechamiento que sólo refuerzan la idea de la prevalencia de mi individualidad sobre la mancomunidad posible en una sociedad.

La mayoría de edad parece ser un momento importante en la cultura colombiana. Se celebra y reconoce familiar y socialmente. ¿Pero verdaderamente hemos llegado a una realidad donde todos seamos conscientes de que como sociedad también debemos apropiarnos de la categoría que define dicho paso, es decir, ser mayor de edad? ¿Somos conscientes de que nuestra sociedad también debe alcanzar una mayoría de edad, una que se construye desde la unión de las individualidades reconocedoras de su propia mayoría de edad? ¿Entendemos que la mayoría de edad es una que implica la previa, pero constante construcción de unos sentidos de responsabilidad, autocrítica, autocontrol y, en general, de un desarrollo moral y ético autónomo? Si seguimos creyendo que la mayoría de edad es solamente una barrera que me limita en mi adolescencia del absoluto disfrute del mundo adulto, entonces lo único que estamos haciendo es transitando como niños un mundo que ya no es infantil. Esto podría conllevar, con el tiempo, como lo hemos visto, a la consecuente infantilización de la realidad y a la subsecuente justificación o aceptación de dichos comportamientos, encontrando en la falta de control, imposición, fuerza y coerción razones justificadoras de acciones que solamente pueden ser reconocidas como comportamiento infantil y precoz.

Con el paso del tiempo, la situación ha sido cada vez más problemática. Algunos días después del evento empezaron a circular imágenes que demuestran la absoluta destrucción que dejaron los hinchas asistentes a la final de la Copa América. Las multas se impusieron a los equipos, la Federación Colombiana de Fútbol (FCF) fue multada con el pago de un cierto monto de dinero y con la prohibición en la cantidad de personas que podrán asistir al estadio de Barranquilla para el próximo partido de la selección. Una penalización que, evidentemente, puestos de manera seria, afecta directamente a personas que nada tuvieron que ver con las acciones que se presentaron en el estadio de Miami. Esta situación pone el énfasis en una situación apremiante y que, de seguro seguirá presentando controversia, ¿puedo multar o penalizar a otras personas directamente, sin ellas ser responsables legales, económicos o sociales de otras personas por acciones de estas en otras latitudes? Esto es posible debido a la absoluta inmensidad de las corporaciones y empresas contemporáneas, esto es posible gracias a la centralización del poder en manos de multinacionales gigantes que pueden ejercer su influencia de dicha manera. ¿Pero es justo? ¿Es justo para con las personas que nada tuvieron que ver con la situación presentada, los hinchas de la ciudad de Barranquilla, la FCF?[4]

A mi parecer, no lo es. Esto lleva a la subsecuente noticia de que los involucrados en los eventos y que, gracias a la tecnología implementada en el estadio, fueron reconocidos biométricamente[5] pueden enfrentar sanciones que varían en la severidad. Se ha hablado acerca de la posibilidad de recibir sanciones monetarias o de tiempo en la cárcel. Algunos incluso han hablado acerca de la posibilidad que su visa, lo cual les permite a muchos residir o trabajar, o ambas, en el país pueda ser revocada, o, incluso, hay quienes hablan acerca de la posible deportación de algunas personas, negándoseles no solamente la visa, sino también el permiso de residencia. Todas estas medidas, por supuesto, se contemplan como posibles alternativas que será consideradas para cada caso particular. ¿Es justo? Es claro que lo acontecido, teniendo en cuenta la gravedad de caso particular, puede ser tipificado como crimen. Desde la primera acción, tratar de ingresar por la fuerza o a través del uso de boletas falsas, hasta todo lo que prosiguió, las personas que realizaron las acciones ya narradas fueron conscientes. Como en Colombia se tiene el dicho moralista de que a nadie se le debe desear el mal, verdaderamente no creo que su ajusticiamiento sea algo malo, por el contrario, puede ser una posibilidad para demostrar la grandeza y la humildad de la lección aprendida. No obstante, y más fácticamente, las personas que se vieron involucradas compartirán el discurso de a lo hecho, pecho, o pues enfrentar lo que se venga que son comportamientos más típicos y propios de quien continúa teniendo una mentalidad pueril, sin darse la oportunidad de apropiarse de una actitud en pro de verdaderamente enfrentar la situación con adultez y ver en ella una puerta de entrada a una revisión de lo que aconteció en mí mismo, como individuo, para llegar a tal descontrol, euforia, e incontinencia.

A fin de cuentas, ver las cosas desde una cierta perspectiva depende en una pequeña medida de cómo el mundo se me presenta, pero en gran y principal medida en la actitud con la que yo me dispongo hacia aquello que observo y en lo que me enfoco. Desde lo actitudinal, es claro que las cosas se cargan de significados abstractos, lo que no es lo mismo que irreales, que determinan el impacto, y su naturaleza, bien sea positiva, negativa, interpelativa o posibilitadora, que ellos pueden tener en el individuo. Como se veía antes, aunque la altura sea algo tan evidente a la perspectiva humana, este concepto puede estar cargado, en su comprensión, de una cantidad de dimensiones pertenecientes a la mente individual que lo convierten en algo completamente propio.



[1] Se puede revisar la siguiente página: Copa América - Wikipedia, la enciclopedia libre donde no solamente se encuentra un recuente histórico, sino que en la sección Historial, se puede encontrar una tabla con hipervínculos a páginas dedicadas a cada una de las ediciones que han ocurrido de la Copa América.

[2] Si se busca la información en Google a través del nombre del árbitro y los nombres de los equipos: Perú y/o Canadá, se podrán encontrar las noticias más relevantes al respecto y se podrá llegar a la conclusión de que, aunque no se confirma oficialmente, la mayoría de los medios justifican su situación en la temperatura de dicho momento en el estadio, la cual era de 40 °C en sensación térmica.

[4] Frente a lo anterior, se pueden visitar varias páginas de noticias que publican la información, cito la siguiente en vista de la referencia directa que hace la página al comunicado de la Conmebol: La dura sanción que tendrá que pagar la Selección Colombia contra Argentina en eliminatorias (semana.com)

Comentarios

Entradas populares de este blog

A mis estudiantes de énfasis en investigación

Lectura - De animales a dioses - Breve historia de la humanidad

Sistema de Salud y las Droguerías en Colombia